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| ENTREVISTA EL SEMANAL (EL PAÍS) | ||||
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Transcripción suplemento "El Semanal" (El País) |
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| EXTRAIDA DE: | Supl. "El Semanal" (El País) |
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| FECHA ENTREVISTA: | 7 de Julio 2002 |
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| REALIZADA POR: | Juan Caño Arecha |
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Sus guitarras, que podrían adornar las secuencias de una road movie de Tarantino, son como la estopa según la defina el Diccionario de la Real Academia ("la parte más basta o gruesa del lino"), pero en su caso está llena de sensaciones y sentimientos. Ellos son David Muñoz, 26 años, el que lleva la voz cantante -aunque él diga lo contrario- y José Muñoz, el benjamín, de 23, guitarra y voz -el que siempre se sale con la suya-. Son los responsables de la "estopamanía". Se han criado en Cornellá, un barrio obrero. ¿Son "perros callejeros"? DAVID: Mi madre decía que en la calle no se aprendía nada bueno, pero la verdad es que sí, nuestra segunda casa era la calle, y no nos molesta que nos digan perros callejeros. Nuestro barrio y nuestra gente son y siguen siendo nuestra fuente de inspiración. No nos inventamos nada, contamos las cosas que nos han pasado, las cosas que hemos visto. JOSE: Y el golferío. Había mucho golferío, ¿para qué nos vamos a engañar? Pero no hablo de golferío en el sentido total, sino de gente que está de vuelta, que ha ido y ha vuelto. La calle funciona como una empresa y cada uno hace una cosa. Primero, está el "encargao", que suele ser el fiera, el que controla todo. Luego, todos los demás.
D: No sé si eso existe. Más que "estopamanía" yo lo llamaría "barriomanía". Digamos que hay un grupo de gente que se siente identificada con un grupo, eso sí. Es como cuando vas a un concierto de Sabina y ves a tu alrededor a un montón de gente que se siente identificada con sus historias.
D: Era un barrio obrero, la mayoría emigrantes. Los dos íbamos a un colegio que estaba en un piso. Nos llevaba la abuela, que vivía con nosotros. Antes de ser famosos ya nos conocía todos el mundo, todos nos conocíamos entre nosotros. Éramos amigos del panadero, del de la tienda, del dueño del bar. Era como una gran familia.
D: Eso es una pasada. La cultura es algo que tiene que gustar, no te pueden forzar, es una elección. Hay otros métodos. La cultura tiene que ser libertad, no se puede obligar a nadie de esa manera.
D: Perfectamente. Nosotros somos hijos de charnegos, catalanes de primera generación. Cornellá es como una España en miniatura: gallegos, extremeños, andaluces, catalanes...Es un barrio donde hubo una gran emigración en los años 60, creo. Empezaron a hacer bloques de viviendas, como podía ser Madrid, Vallecas o Torrejón. Cataluña ha tenido siempre una gran tradición de asociaciones de vecinos y los emigrantes se organizaban muy bien, había una gran solidaridad.
D: ¡Viva la República independiente de Cornellá! (Risas de los dos)
D: Bajábamos a la plaza y llamábamos a los colegas para que subieran a casa:"¡Súbete, mira que canción hemos hecho!". Ya cantábamos cosas nuestras, con el "botellón" al lado.
J: ¡Qué va! Yo quería ser delantero del Barça...Y, mira, no hubiera estado mal. Tal y como están las cosas en el fútbol y lo que cobran los jugadores...
D: La casualidad. En casa había una guitarra de mi padre y la tocábamos porque no teníamos casete, se había estropeado. Nos compramos un libro de acordes de canciones de Aute para aprender. Aunque componemos temas muy diferentes, nosotros siempre hemos dado mucha importancia al texto de las canciones y Aute, para eso, tiene una sensibilidad fuera de lo normal. Somos admiradores suyos desde el principio.
J: Lo que hacemos es plasmar en cuentos corto lo que nos ha ocurrido, lo que nos va pasando o lo que hemos visto o vivido a nuestro alrededor. Cuando te pones a escribir una historia, cuentas lo que te atañe.
D: Eso fue en un festival que hay en Sants. Se hace en todos los barrios, por Sant Jordi. Todavía me acuerdo del poema: "Soy la rata de tu casa/ soy el tiempo que te pudre/ soy la puta de la esquina/ soy cenizas en la lumbre/ soy el sol de medianoche/ soy locura de la gente/ soy un accidente de coche/ soy el miedo de tu mente..."
D: No. Hemos ganado dinero, pero la fama y el dinero no nos han dado más amigos. Seguimos con la misma gente, nos movemos en el mismo ambiente. No queremos darnos al glamour. ¡Hombre, hemos ganado en privilegios! Antes no podíamos tomarnos una botella de vino bueno, pero eso no es ser señorito.
D: Cuando vamos, no, cuando estamos, que seguimos ahí. Yo me he comprado una casa muy cerca del bar de mis padres, a dos minutos en coche. Cuando vamos, los clientes todavía nos dicen: "¡Niño, ponme un tinto!". Y se lo pongo, por supuesto. Antes, cuando empezamos, cuando hacíamos conciertos y no teníamos representante ni nada, íbamos a los bares y decíamos: "Mira, esto es lo que hacemos, somos músicos, esta es nuestra maqueta, contrátanos porque mi padre tiene un bar y los clientes, que beben mucho, van a venir todos". Y así nos contrataban. Eso sí, el tío no escuchaba ni la cinta ni "ná". Nos preguntaban: "¿Cuántos son?". Un montón, y no sabes bien cómo beben.
D: Lo que se vive en la infancia y la adolescencia es lo que más te marca. Luego, la fama y todo lo que lleva consigo no te marca tanto. De hecho, el siguiente videoclip lo vamos a grabar en La Tárrega, la plaza donde parábamos en nuestra infancia. Lo vamos a rodar con gente de allí, no queremos actores. Imagino que ahora les tratarán como héroes en el barrio. J: No, qué va, nos tratan como siempre, sin ningún respeto. Para ellos seguimos siendo los mismos. Saben que no tenemos héroes y tampoco hay héroes para ellos. En la boca siempre tenemos Cornellá, mi calle, mi barrio, los amigos...Y nos dicen: "Oye, esto que cantabais es por aquello que nos pasó, ¿no?". Somos como una ventana abierta de nuestro barrio a mundo.
D: Mi novia, que era de Madrid, tenía un monitor que habló con un primo suyo que trabajaba de administrativo en la editorial EMI. Nos pidió la cinta que teníamos grabada con nuestras canciones y se la enviaron a uno de los directivos. Al poco tiempo nos llamaron por teléfono y nos dijeron que estábamos contratados.
D: Es mi mujer. La conocí a los 16 años. Estuvimos ochos años de novios y nos casamos hace dos.
D: Fue idea de mi cabo, porque yo entonces estaba en la "mili". Le gustaba mucho la música y me dijo: "¿Por qué no te presentas a un concurso que hay en Horta?". Nunca habíamos cantado en público. Grabamos una maqueta con dos canciones y nos presentamos. Ganamos. Nos quedamos "flipaos".
D: Eso fue algo casual. En el taller donde trabajábamos, el encargado, cuando quería que termináramos algo rápidamente, nos decía: "¡Venga, darle estopa!". Y así surgió lo del nombre del grupo.
J: (Risas de los dos) Como el diccionario cheli de Umbral, o el de Ramoncín...No, la verdad es que no nos sentimos creadores de ese diccionario.
D: Era por Cindy Crawford. Había un cartel en el paseo de Gracia, con una gatita abajo, mirando. Esa es la verdadera historia. Afortunadamente, no nos dimos ninguna "hostia" por mirar el cartel. Es que ponen cada cosa...
J: No es que liguemos más. ¡Es que no se liga! D: A la gente le gustas porque te conocen y dice: "¡Coño, si es el de la "tele"! ¡Qué guapo!". El Fari seguro que también liga. Pero eso no es ligar, es otra cosa.
J: ¡Claro!, pero esa chica estaba loca por "el fiera", que no éramos nosotros, sino uno de nuestros amiguetes (Risas). |
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