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Hermanos Muñoz, feriantes
La gira de Voces de ultratumba, el cuarto disco de Estopa, empezó el 19 de mayo en Las Palmas (Gran Canaria) y acaba el sábado, 14 de octubre, en el Palau Olímpic de Badalona. "La mejor actuación siempre es la última del tour", dice David Muñoz. "Sales al escenario y piensas: 'Me encanta que los planes salgan bien', como dice Hannibal. Es rollo misión cumplida. Sabes que la primera canción es la primera última canción, la segunda, la segunda última, y así sucesivamente. También sabes que algunas canciones no volverás a cantarlas en directo. Todo esto hace que el concierto de despedida sea especial".
Una apostilla antes de seguir: Hannibal es John Hannibal Smith, el cerebro de El Equipo A.
Bien está lo que bien acaba, pero tampoco era necesario que la gira empezara tan mal como empezó. La primera, en la nuca. Literalmente. "Horas antes de la actuación en Las Palmas, a José Antonio Romero (guitarra eléctrica y dirección musical del grupo) le dejaron inconsciente en la calle. Fueron por detrás, ¡pum!, y le robaron hasta el carnet del videoclub", cuenta José. "El tío tocó con la mano hinchada por la caída esa noche y unas cuantas más. Lo pasó fatal, pero no falló. El ejemplo de profesionales como él es el que hay que seguir", añade David.
Romero fue asaltado camino del hotel. Se fue solo de un bar en el que se quedaron el resto de los músicos. Y que los hermanos Muñoz no pisaron. "Los bares están prohibidos. Por el humo. El público se merece que tengas la voz al 100%", dice David.
Muy profesional. Pero qué menos que un poco de recreo después del espectáculo, ¿no? "No", contesta José. "Antes siempre íbamos por ahí al acabar una actuación. Pero en esta gira le dijimos a nuestro mánager que si era necesario nos diera un garrotazo y nos metiera en la cama. No hizo falta llegar a tanto".
David no sabe si la medida ha beneficiado más a su voz o a su espíritu; incluso es posible que la más agradecida haya sido Mari Paz, su esposa, que suele viajar con Estopa. "Otros años lo primero que hacía al despertarme era decir A, a, a, a. Para ver si tenía voz. Mari Paz flipaba. Me levantaba acojonado. Una vez me desperté mudo, pero no por haber hecho el golfo. El médico lo atribuyó a que me entró albero de Las Ventas, que no habían regado. La sangre de toro mezclada con el albero crea no sé si un virus o una bacteria, una mierda, que te colapsa el pecho. Parece una leyenda urbana, pero me lo dijo el médico. Este año he sido bueno y no he tenido ningún problema vocal. Pero, sobre todo, ¡cuánta angustia me he ahorrado!"
Ojo, el exceso de tranquilidad es peligroso para los artistas. Menos mal que la huelga de los trabajadores de tierra de Iberia en El Prat, siempre dispuestos a ayudar, tuvo el efecto de una inyección de adrenalina para David y José. Ahora viene cuando los hermanos Muñoz se transforman en los hermanos Marx. "Él estaba en Barcelona y yo en Tarragona -relata David-. La idea era juntarnos en El Prat para volar a Madrid y de allí ir a Ciudad Real, donde actuábamos. Pero me despierta el teléfono y es Tito (Heredia, el mánager del dúo): Oye, coge el coche y tira para Lleida pero ya. Si perdíamos el AVE de no recuerdo qué hora, no había concierto. Había que pelear. De milagro no me quitaron puntos del carnet de conducir".
Cambio al punto de vista de José. "Yo no tenía el coche y tuve que alquilar uno en la oficina de
Avis en Sants. El encargado me dijo que les dejara las llaves a los taxistas de la estación del AVE, que eran de no sé qué movida y siempre se las devolvían. Por supuesto ningún taxista quiso coger las llaves y tuve que dejarlas puestas en el coche, mal aparcado porque el tren se iba".
"Que si se iba", prosigue la narración David. "Estaba en el andén diciéndole al interventor que mi hermano ya venía y el tío señala el final del AVE, largo, largo, y me dice: Si cuando llego allí no tengo los billetes, el tren se va. Llamo a José y me suelta que está con mi padre (donde están los Muñoz está su padre, su apoderado) intentando solucionar el problema de las llaves. Imagínate la escena: empiezo a correr, voy hasta donde está mi padre y por detrás le cojo de la mano los billetes, aprieto a correr otra vez, con la maleta, mi hermano y mi padre me siguen, interventor está casi al final del AVE. Llego, le doy los billetes al nota y me dice: Has corrido, ¿eh?. La bola entró. Ese día fui el héroe".
Por si no lo sabían, David es un imparable conversador de barra de bar. ¿Peliculero? Claro, como está mandado.
El razonable parte de incidencias de la gira acaba con una lesión de José María Cortina, el teclista, víctima colateral del whisky, y un apagón en Almendralejo. Respecto a la primera: "Se hizo un corte que daba asco abriendo una botella de JB en el camerino, con el agravante de que él no bebe JB, él bebe ron, el JB era para mi hermano", explica José. "Le tuvieron que poner dos puntos en el dedo, y fuera la gente silbando porque salíamos tarde".
Respecto al segundo: "De repente se fue la luz”, dice David. “Cantamos Celos, de Junco, y contamos unos chistes. Estuvimos media hora de Faemino y Cansado. Cuando volvió la electricidad el mánager nos decía que una y adiós, porque la instalación estaba jodidilla, pero completamos un bolo correcto”.
La primera gira de Muñoz & Muñoz fue una de las más monstruosas de un grupo español, si no la más. De Estopa, su debut, empezaron a venderse y venderse y venderse ejemplares con la banda en ruta. Nadie había previsto que el disco pudiera ser semejante bombazo. El número de fechas y la capacidad de los recintos crecían exponencialmente. David y José se sentían como si estuvieran dentro de un acelerador de partículas controlado por un científico demente. El tour prácticamente empalmó con la edición de Destrangis, que volvió a llevarles a la carretera. Vidas rodantes y supersónicas. Una vez es suficiente.
"Fue todo tan deprisa que casi no nos enteramos de lo que pasó. Ahora queremos vivirlo, disfrutarlo y que no se nos olvide", dice José.
Pese a haber lentificado y organizado sus meses ambulantes, al dúo le invade una sensación de irrealidad a medida que la gira avanza. David: "¿Dónde está el lavabo? Ayer estaba aquí. José: "¿Qué hago en el armario?". "Vives en un mundo cerrado. Imagino que los feriantes deben sentirse de una manera parecida. Vas por allí sin apenas enterarte de lo que sucede fuera de la nube en la que viajas", reflexiona David.
Más que mili, legión
Para momento de irrealidad, el que vivieron en el Palau Sant Jordi. Y eso que están habituados a que en el camerino haya personas que no saben “ni quiénes son ni cómo han entrado”. “Después de una actuación siempre nos encerramos cinco minutos nosotros dos solos en un camerino”, relata David. “Y así estábamos en el Sant Jordi. La zona de camerinos está en un pasillo y hay seguratas. Pero se abre la puerta y entra un tío que nos dice (con voz carajillera): ¿Qué pasa, Estopa? Y ahí se queda. Fue tan raro que no le dijimos nada. Tito le sacó cuando llegó. Era un perla, 50 años de esos revenidos. Más que mili tenía legión”.
David y José también empiezan a ser veteranos del directo. Pero niegan que caigan en la rutina. “A lo sumo desarrollamos automatismos”, dice David. Como el Barça. ¿Y hay algún bolo que les haga especial ilusión? “Además del último, los que hacemos para 10.000 personas en pueblos de 5.000 habitantes. Eres el acontecimiento y vienen los abuelos, la Guardia Civil, el alcalde, el cura”, responde José. “¿Te acuerdas del cura de Zarzacapilla (el pueblo de sus padres, en Badajoz)?”, mete baza David. “Los chavales cantaban: Lo reconozco, fumo porros a diario. Y él les enseñaba que tenían que cantar: "Tira el porro a la porra”.
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