Estopa contagió a Pamplona con su rumba
Unos 7.000 espectadores se contagiaron ayer de la rumba de Estopa. Los hermanos Muñoz presentaron en la Plaza de Toros de Pamplona los trabajos de su último disco, Voces de ultrarumba, y trataron de resarcirse de su anterior recital en la capital navarra. Hace dos años la lluvia les obligó a salir sólo con una guitarra acústica. Ayer hizo fresco y tuvieron que retirar una pantalla por el viento. Pero no llovió.
Casi en el mismo arranque del concierto, entre la primera y la segunda canción de su espectáculo, Estopa se acordó de aquel extraño recital de hace dos años. «Estamos muy contentos de volver y muy agradecidos por la paciencia que tuvisteis entonces», explicaron al público pamplonés, que en las primeras filas era mayoritariamente adolescente o muy joven, pero que en los tendidos y las gradas incluía también treintañeros y hasta familias.
Ayer no hubo esos problemas de hace dos años, pero no faltó algún desajuste. Una de las pantallas que debían mostrar imágenes del concierto y del público tuvo que retirarse por el fuerte viento que soplaba en Pamplona. La otra, situada a la izquierda del escenario, pudo mantenerse y reflejar con detalle los movimientos sobre el escenario de los hermanos Muñoz, vestidos como en ellos es habitual (vaqueros, camiseta y chandal, David; pantalones caquis y sudadera, José).
Arranque con "Malabares"
En un escenario enmarcado por dos estructuras de focos de luces en forma de cruz, Estopa arrancó el concierto con una de las canciones de su último disco, Malabares. Desde el primer momento, el ambiente en la Plaza de Toros fue festivo. Los espectadores corearon y bailaron todos los temas que iban sucediéndose: Tu calorro, Fin de semana, Mentiras...
Incluso no dejaron de cantar cuando el cantante, David, tuvo que dejar un momento el escenario por un problema con su pinganillo. Su hermano José trató de entretener al público explicándoles qué era aquello, pero los espectadores prefirieron los oé, oé y otros cánticos futboleros.
El concierto se desarrolló en un escenario bastante ancho, de 20 metros de boca, en el que destacaron los focos móviles y unas luces que hacían el efecto de difuminarse.
Asimismo, una pantalla digital emitía imágenes y motivos alusivos a la canción que desgranaba el dúo de Cornellá. A mitad de concierto seguía haciendo fresco, pero ya importaba menos. La rumba había contagiado a casi todos.
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Fuente: www.diariodenavarra.es
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